En los últimos meses, se ha comenzado a hablar más sobre la salud mental, esto a raíz de la aparición del Covid-19, que nos trajo días de encierro, incertidumbre y muchos cambios a los que se tenía que responder de manera inmediata. La Organización Mundial de la Salud (2020) refiere que la salud mental es un componente integral de la salud y va más allá de la ausencia de trastornos, “la salud mental es un estado de bienestar en el que las personas son capaces de hacer frente al estrés normal de la vida, trabajar de forma productiva y contribuir con la comunidad”. Por lo tanto, no podemos hablar de una salud integral, sin incluir la salud mental.

La salud mental puede verse afectada por cambios sociales rápidos, condiciones de trabajo estresantes, discriminación, exclusión social, estilos de vida poco saludables, violencia y violación de los derechos personales. También hay factores de la personalidad y psicológicos específicos que hacen que una persona sea más vulnerable a los trastornos mentales.

Los profesionales de artes escénicas, como los bailarines, no son ajenos de ver su salud mental afectada por la naturaleza de su profesión. El bailarín trabaja con su cuerpo, su expresión y emociones para transmitir una serie de sensaciones a los espectadores. Su ritmo de vida implica entrenar muchas horas con poco descanso, tener varios trabajos a la vez, no tener espacio en su agenda para sentarse a comer y ensayos a altas horas de la noche que disminuye la cantidad de horas de sueño; por otro lado, hay una serie de factores psicológicos que también influyen en su salud mental como el establecimiento de metas poco realistas, sensación de competitividad constante, ver su imagen sometida a juicio y el ideal de perfección. Por lo tanto, existen factores de riesgo externos e internos que influyen en que la salud mental de los bailarines se vea perjudicada.

Si bien hay muchos factores externos que pueden influir en la salud mental en los bailarines, hay ciertos factores internos que se pueden identificar y trabajar. Albert Ellis, propone que la perturbación psicológica está asociada a pensamientos irracionales que nos generan emociones negativas y, por lo tanto, reaccionamos en relación a ellas; por ejemplo, si un bailarín tiene como pensamiento irracional “Debo hacer todas las coreografías perfectas y conseguir la aprobación de todos mis profesores, ya que de otro modo soy un pésimo bailarín” probablemente de no suceder aquello que exige, experimente emociones negativas como la ansiedad y las consecuencias a esto pueden ser la migración de pensamientos, poca concentración, insomnio y bajo rendimiento.

Por lo tanto, es recomendable cambiar las exigencias por preferencias que pueden ser más flexibles a los resultados. Si bien me gustaría que todas las coreografías me salgan perfectas y así, conseguir la aprobación de todos mis profesores, no necesariamente sucederá así y eso no me hace un pésimo bailarín” de esta manera existirá una emoción más saludable como la preocupación y las consecuencias serán de menor riesgo. El tener muchas exigencias sobre cómo debemos ser, cómo la gente nos debe tratar o cómo el mundo debe responder, nos pone en riesgo de experimentar emociones negativas y eso puede influir directamente a nuestros planes en el futuro, para evitar que esto ocurra se pueden iniciar las siguientes prácticas:

  1. Cambiar los “yo debo” por preferencias más flexible.
  2. Pensar, sentir y actuar de manera menos exigente
  3. Adquirir una continuada y sólida filosofía que ayude a creer que nada es horrible, terrible ni horripilante, no importa lo malo, inconveniente o injusto que en realidad puede ser
  4. Y finalmente, dejar de culparse o culpar a los demás aceptando que los actos equivocados y poco éticos nunca harán que uno o el resto sean malas o terribles personas.

Es muy importante que el bailarín, además de enfocar sus esfuerzos en mejorar su técnica y performance en el escenario, fortalezca sus recursos psicológicos, más aún ahora que, sumado a los factores de riesgos mencionados, se adicionan las características propias de la coyuntura actual.


Fuentes: Organización Mundial de la Salud y “Ser feliz y vencer las preocupaciones” de Albert Ellis.